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ES Libro- El Silmarillion (J. R. R. TOLKIEN) - Descargar Gratis PDF

El silmarillion  -  J.R.R. Tolkien

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PRÓLOGO
El Silmarillion, que se publica ahora cuatro años después de la muerte de su autor, es una
crónica de los Días Antiguos, o la Primera Edad del Mundo. En El Señor de los Anillos se
narraban los grandes acontecimientos del final de la Tercera Edad, pero los cuentos de  El
Silmarillion son leyendas que proceden de un pasado mucho más remoto, cuando Morgoth, el
primer Señor Oscuro, moraba en la Tierra Media, y los Altos Elfos combatían contra él por la
recuperación de los Silmarils.
Sin embargo,  El Silmarillion no sólo relata acontecimientos muy anteriores a los de  El Señor
de los Anillos; es también, en lo esencial de su concepción, un trabajo muy anterior. A decir
verdad, aunque no se llamaba entonces  El Silmarillion, ya estaba componiéndose hace medio
siglo; y en las deterioradas libretas de notas que se remontan a 1917 aún pueden leerse las
primeras versiones, a menudo garrapateadas deprisa con lápiz, de las principales historias de
la mitología. Pero no llegó a publicarse (aunque ciertos indicios de su contenido podían
entresacarse de  El Señor de los Anillos), y durante toda su larga vida mi padre nunca lo
abandonó, y trabajó en él aun en sus últimos años. En todo ese tiempo El Silmarillion
considerado sólo como una gran estructura narrativa, tuvo relativamente pocos cambios
fundamentales; se había convertido hacía mucho en una tradición fija y un marco para
escritos posteriores. Pero por cierto estaba muy lejos de ser un texto fijo, y ni siquiera
permaneció inalterado en relación con ciertas ideas fundamentales acerca de la naturaleza del
mundo que describe, mientras que las mismas leyendas volvían a ser narradas en formas más
largas y más breves, y en diferentes estilos. En el transcurso de los años los cambios y
variantes, tanto de detalles como de perspectiva, se hicieron tan complejos, tan numerosos y
de tan múltiples estratos, que la obtención de una versión final y definitiva parecía imposible.
Además las viejas leyendas («viejas» aquí no sólo por provenir de la remota Primera Edad,
sino también en relación con la edad de mi padre) se convirtieron en vehículo y depositario de
sus más profundas reflexiones. En escritos posteriores las preocupaciones teológicas y
filosóficas fueron desplazando a las preocupaciones mitológicas y poéticas, de lo que surgieron
incompatibilidades de tono.
Al morir mi padre, fue mía la responsabilidad de dar a la obra forma publicable. Se me hizo
evidente que presentar dentro de las cubiertas de un libro único materiales muy diversos  –
mostrar  El Silmarillion como si fuera en verdad una creación ininterrumpida que se había
desarrollado a lo largo de más de medio siglo– conduciría necesariamente a la confusión y a la
subordinación de lo esencial. Por lo tanto me puse a trabajar en un texto único, seleccionando
y disponiendo el material del modo que me pareció más adecuado para obtener una narración
con un máximo de coherencia y de continuidad interna. En este trabajo, los últimos capítulos
(a partir de la muerte de Túrin Turambar) planteaban dificultades especiales por haber
permanecido inalterados durante muchos años, y en ciertos aspectos había una grave falta de
armonía entre estos capítulos y las concepciones más desarrolladas de otras partes de la obra.
No ha de esperarse una coherencia completa (sea dentro de los límites  de El Silmarillion o
entre  El Silmarillion y otros escritos de mi padre); y aun en el caso de que fuera posible
encontrarla, el precio sería muy alto e innecesario. Además, mi padre llegó a concebir El
Silmarillion como una compilación, una narración compuesta a partir de fuentes muy diversas
(poemas, crónicas y cuentos orales) que habrían sobrevivido en una antiquísima tradición; y
esta concepción, por cierto, tiene un paralelo en la historia de la composición del libro, pues en
buena parte se apoya en prosas y poemas tempranos, y es de algún modo un verdadero
compendio, y no sólo en teoría. A esto ha de atribuirse el ritmo variable de la narración y la
abundancia de detalles en algunas partes, el contraste (por ejemplo) entre la evocación
precisa de lugares y motivos en la leyenda de Túrin Turambar y la elevada y remota narración
del fin de la Primera Edad, cuando Thangorodrim fue destruida y Morgoth derrocado, y
también algunas diferencias de tono y descripción, algunas oscuridades, y, aquí y allí, ciertas 2
inconsistencias. En el caso de Valaquenta, por ejemplo, hemos de suponer que si bien
contiene mucho que se remonta sin duda a los primeros días de los Eldar en Valinor, ha sido
remodelado en tiempos posteriores; de ese modo se explica que los tiempos de los verbos y la
perspectiva cambien continuamente, al punto que los poderes divinos parecen ahora
presentes y activos en el mundo, y en seguida remotos, un orden desvanecido que sólo la
memoria conoce.
El libro, aunque titulado por fuerza  El Silmarillion, contiene no sólo  el Quenta Silmarillion o
Silmarillion propiamente dicho, sino también otras cuatro obras breves. Ainulindalë  y
Valaquenta, presentadas al principio, se relacionan por cierto estrechamente con  El
Silmarillion; pero  Akallabêth y  De los Anillos de Poder, que aparecen al final, son obras (es
necesario subrayarlo) enteramente separadas e independientes. Se las incluye de acuerdo con
la intención explícita de mi padre; y de este modo la historia se desarrolla desde la Música de
los Ainur con que comenzó el mundo hasta el tránsito de los Portadores de los Anillos en los
Puertos de Mithlond al fin de la Tercera Edad.
Son muchos los nombres que aparecen en el libro y de ellos doy un índice completo; pero
el número de personas (Elfos y Hombres) que desempeñan un papel importante en la crónica
de la Primera Edad es mucho menor, y se los encontrará a todos en los cuadros genealógicos.
Además he diseñado un cuadro en el que se presentan las denominaciones bastante complejas
de los diversos pueblos élficos y una lista de algunos de los elementos principales que se
encuentran en estos nombres; y un mapa. Es posible observar que la gran cadena de
montañas del este, Ered Luin o Ered Lindon, las Montañas Azules, aparece en el extremo oeste
del mapa de El Señor de los Anillos. En el cuerpo del libro se incluye un mapa más pequeño,
que muestra claramente dónde se sitúan los reinos de los Elfos después del regreso de los
Noldor a la Tierra Media. No he querido sobrecargar el libro todavía más con cualquier clase de
comentarios o notas.
En la difícil y dudosa tarea de preparar el texto del libro, tuve la decidida ayuda de Guy
Kay, quien trabajó conmigo en 1974-1975.

Christopher Tolkien, 1977
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